domingo, 10 de agosto de 2014

Te dejé atrás, lo siento.





Ahogarte. Sentir que no respiras.
El peso de la vida te puede. Hunde tus huesos. Rasga tu ropa. Desgarra tus músculos. 
Cae en la oscuridad. No piensas. No recuerdas. No sientes.
Cada sentimiento se escapa en los suspiros que lanzas al congelado aire del invierno.
Manos tensas, labios morados, fría temperatura, enfermizo juicio.
Te dejas caer, porque la fuerza se te escapa como el aire de los globos. 
Tumbada encuentras tu mundo sin ninguna coherencia. Gente conocida sin conocer, desconocida por conocer. Decisiones incorrectas. Oportunidades escapadas. 
Echas atrás la cabeza e intentas percibir el precio de la existencia. No descubres nada. 
Mente en blanco. Dolores en todo el cuerpo. 
Universo destruido.
Carreras vencidas.
Resoluciones poco comunes.
Destrucciones innecesarias.
Vidas rotas.
Alejo esas sensaciones. No pienso. Ya no puedo. La vida se hace demasiada para poder levantarme. Me derrumbé y me tumbé.
Pensamientos lujuriosos ocupan mi mente. Mareos, vómitos.
Corro, sigo corriendo. Por segundos, minutos, horas, días, meses, años, no se.
Llego allí. El lago azul junto a la cabaña de madera oscura. Lugar de verano. 
Voy al lago y ... la vida dejo.
Corro y me lanzo. Dejo que el frío del agua me lleve consigo. Me voy volando a mi mundo.
Dejé de respirar. Dejé de pensar. Mi cabeza cae en un vacío blanco.
Escucho los gritos, los lloros, las caricias pero ...
"Lo siento".
Me voy.

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